La gran estafa del “retoque”

La noticia salto a los medios hace algunas semanas y conmocionó al todo el mundo de la fotografía, un análisis realizado por parte del periódico norteamericano The New York Times revelaba que varias de las fotografías realizadas por uno de los iconos de la profesión durante las últimas décadas como es el estadounidense Steve McCurry, habían sido modificadas con Photoshop, una técnica prohibida en a profesión.

Muchas veces la alteración es quitar una bolsa de plástico del plano, oscurecer unas zonas o aclarar otras, dotando a la escena de un aire más lúgubre o alegre en función de los deseado, en definitiva una alteración sutil que no obstante puede cambiar radicalmente el significado de la instantánea y es un engaño al publico que pocas veces se perdona, aunque seas uno de los más grandes.

El fotógrafo norteamericano ha sido el último caso de una larga lista de fraudes que han salpicado la profesión desde sus orígenes y que las nuevas tecnologías digitales han perfeccionado, complicando en muchas ocasiones el detectar el fraude. De hecho la obra más reconocida de McCurry, la famosa foto La niña afgana, portada de Natural Geographic en 1985 y el punto de inflexión en su carrera, ha sido revelada como fraude muchos años después.sharbat-gula-06

En el ámbito de la fotografía artística, el retoque o pequeña modificación de una instantánea no supone un escándalo como lo es cuando hablamos de fotoperiodismo, que teóricamnete trata de reflejar la realidad, por lo que retocar la realidad supone una grave manipulación que el publico no suele perdonar, quebrándose inexorablemente la confianza en el autor, ya que ha intentado manipular la realidad y engañar al público.

Las nuevas tecnologías han facilitado la manipulación de las fotografías de una forma en la que ya todo el mundo en su casa puede hacer montajes de todo tipo que, según su pericia, pueden ser mas o menos fácilmente detectable. Herramientas como Photoshop están disponibles para cualquier persona que quiera adquirir el programa, y eso, unido a la cada vez mayor proliferación de periodistas que también hacen la función de fotógrafo sin tener unas nociones sobre ética en fotoperiodismo debido a los recortes en las plantillas han provocado que se multipliquen los casos de imágenes alteradas que adquieren cierta relevancia y, tras varios análisis y estudios se descubre el fraude.

A pesar de las facilidades de la era digital, el fraude en el fotoperiodismo existe desde mucho antes de la entrada del mundo digital en la fotografía, como se puede apreciar de las recientes informaciones que revelan el fraude en la que es probablemente la escena mas representada de la Guerra Civil española, la escena tomaba por Robert Capa del miliciano recibiendo un disparo, también había sido manipulada.

01101commu1Según los expertos, el uso de las herramientas digitales para mejorar las fotografías es una practica muy grave que amenaza con acabar con la profesión, ya que las noticias sobre imágenes alteradas socava poco a poco la confianza en los profesionales, y son muchos los que se aprovechan de estas para intentar conseguir premios o reconocimientos sin importarles la ética profesional ni la búsqueda de la realidad, como se aprecia del hecho de que en la última edición de los premios World Press Photo 2015, hasta un 20 % de los participantes fueron descalificados por un uso excesivo de Photoshop.

Por qué es probable que no sepas quién es Bulent Kilic

“(…) El domingo volvemos al puesto fronterizo de Akcakale. Suponemos que encontraremos del lado sirio tanta gente como el día anterior. Pero no hay nadie. Según las informaciones que nos llegan, los yihadistas impiden a la población acercarse a Turquía. Empiezo a creer que hemos venido para nada.”

Se llama Bulent Kilic, es fotógrafo y con estas líneas ambienta su trabajo. Estamos a mediados del mes de junio de 2015 y miles de sirios tratan de colarse como pueden en Turquía antes de caer en manos de los milicianos del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

No son los primeros y tampoco serán los últimos pero, en estos momentos, son los protagonistas de las imágenes y palabras de Bulent, y esto es lo que nos concierne.

De estos hechos han pasado casi cinco meses y puede que el devenir de los acontecimientos internacionales los haya relegado a un segundo lugar en nuestra memoria, pero las fotografías que ilustran la narración siguen sacudiendo a cualquiera que invierta unos instantes en ver –que no mirar-.

Bulent Kilic nació en 1979 en Turquía, inició su trabajo en 2003 en la prensa local y, dos años después, comenzó a trabajar como Stringer (corresponsal) para la agencia de noticias francesa AFP.

En estos años no ha trabajado únicamente en Turquía, donde también en junio inmortalizó, por ejemplo, la histórica entrada del pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) en la Gran Asamblea Nacional, dando comienzo a una lucha por el poder que, esperemos, se esclarezca tras las elecciones anticipadas convocadas para este domingo 1 de noviembre.


Actualmente, es el responsable de la producción de la agencia francesa en Turquía, pero también ha trabajado en Ucrania –que sigue revuelta, no lo olvidemos-  y en Siria.

No son pocos los premios especializados que reconocen la calidad de su trabajo.

En 2014, Kilic obtuvo el Premio Bayeux-Calvados para corresponsales de guerra, el premio North American Press Photographers Association y el del concurso China International Press Photo. Además, la revista Time y The Guardian lo eligieron como el mejor fotógrafo de agencia del año.

Su serie sobre una manifestación anti-gobierno en la Plaza de la Independencia de Kiev ha sido galardonada este año con el premio The John Faber Award del Overseas Press Club; en febrero, obtuvo el primer y tercer premio en la categoría Spot News Single de World Press Photo 2015 y, en septiembre, recibió el premio Visa d’Or News por, precisamente, su trabajo en la frontera de Turquía con Siria.

En suma, Kilic nos asoma a la realidad desde hace más de diez años y, sin embargo, su nombre no dirá mucho para la gran mayoría. Y es normal: “Es el momento de volver al trabajo. Todavía me queda mucho por hacer, aunque este premio me hace muy feliz” fueron las palabras con las que sentenció una entrevista con la AFP tras recibir el Visa d’Or.

Que desconozcamos su nombre y nos estremezcamos con su trabajo es un claro signo de que Bulent Kilic está haciendo las cosas muy bien.

La miseria hecha foto, James Natchwey

Hace pocos días visitó el Estado español el fotoperiodista James Natchwey. En una conferencia que dio en la Universidad de Navarra, pudimos disfrutar de sus experiencias fraguadas en mil y un conflictos armados, hambrunas y otros tantos problemas que genera el sistema capitalista.

Algunos le nominan como el mejor fotoperiodista vivo, otros dirán que las salas estaban abarrotadas pero la realidad es que lejos de venirse arriba y sin delirios de grandeza, el reportero gráfico relató su día a día en los diferentes territorios por los que ha pasado. Desde la Guerra de los Balcanes, al sitio que vive el pueblo palestino, pasando por la situación de pobreza en la que vive gran parte de la población en la India.

Ganador del premio Medalla de Oro Robert Capa en cinco ocasiones (1983, 1984, 1986, 1994 y 1998), que otorga Overseas Press Club al autor de la mejor fotografía realizada fuera de los EEUU.

Una a una se sucedieron algunas de las instantáneas más impactantes tomadas por el norteamericano, junto con una breve explicación del contexto en el que se había hecho el retrato. Hijos que eran llorados por sus madres, una pila de cadáveres sobre una camioneta, gentes cuyas caras y cuerpos mostraban los estragos de torturas, genocidios o pandemias.

Más tarde, se abrió un turno de palabras para que la audiencia pudiera preguntar sobre esas vivencias, sus sensaciones a pie de campo, su formación y pasado… Una a una las respondió, algunas de ellas no sin hacer una pausa para pensar la respuesta y repasar mentalmente en su memoria cuál era esa imagen, idea o momento, que mejor le podía valer para exponer su línea argumental.

No faltó esa crítica a las organizaciones internacionales, que ya sea con su silencio o, en algunos casos, con la participación de ellos o algunos de sus integrantes, permiten y orquestan la mayor parte de las contiendas que hoy abren las venas y desangran al mundo.